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Enajenación mental.

La estancia de los acusados era un cuarto de forma rectangular no demasiado grande, baldosas negras sin dibujo adornaban el suelo, madera veteada de color marrón oscuro revestían las paredes, bancadas con asientos de color negro pegados a cada una de las paredes de la estancia y atornillados al suelo servían para que acusados y abogados se sentasen a la espera de la llamada de la sala del Tribunal. Había dos puertas, una de ellas era por donde entraban los acusados acompañados de sus abogados, Jaime había atravesado ya esa puerta con su abogado, y la otra era la que llevaba a la sala del Tribunal. La estancia estaba perfectamente iluminada y se respiraba bien, la temperatura era la adecuada.
Jaime se había sentado recostado sobre uno de los asientos con las piernas estiradas y los brazos sobre el pecho, tenía los ojos cerrados y la cara relajada, se encontraba tranquilo y respiraba pausadamente: <<No comprendo cómo puedes estar así, tan tranquilo, Jaime – comentó el abogado que…

El del silbato.

Ojos color miel.

Con urgencia.